
“...Por ser buen mozo y enamoradizo, Tarquino tuvo un destino feliz envidiado por sus coetáneos que invariablemente se convertían en churrasco. Viajó a estas remotas tierras y fue el Rodolfo Valentino de toda vaca argentina.”
...Hoy su lugar es una imponente cabaña de troncos perdida en el bosque de la Plaza Belgrano, a cuadras del Centro Cívico.
Deguste en Tarquino las mejores carnes a las brasas, exquisita cocina patagónica, postres virtuosos y una selecta bodega de etiquetas argentinas... y descubra por qué Bariloche también se enamoró de él.
Nuestra Historia
E
ste hermoso lugar, tan particular por sus características arquitectónicas, ubicado frente a la plaza Belgrano, tiene una calidez singular y una historia especial.La experiencia gastronómica comenzó en el año 1991, en la entrada de Bariloche, a orillas del río Limay, como una aventura más de la familia Verkys. Papá Rudy el gran asador, estuvo al principio junto a las brasas. Gloria, su mujer y sus hijos Valeria, Vicente y Nicolás, organizaban la cocina y atendían al público, convirtiendo el lugar en una cálida prolongación de su propio hogar.
La distancia y los avatares socio-económicos de la década del 90, sumado a la partida de los hijos hacia centros de estudio que les permitieran construir futuros profesionales, provocaron la necesidad de mudar los fogones del célebre Boliche Viejo al centro de la ciudad.
Dirección nueva, identidad nueva, dijeron los Verkys, y bautizaron el flamante emprendimiento con el nombre de Tarquino, inspirado en cierto personaje de los rodeos de las pampas.
Para satisfacer las exigencias de una nueva corriente turística en la ciudad, la familia tuvo que incorporar al bagaje de experiencia lograda a través de los años, otros incentivos. Así fue ampliándose el menú, que hoy sorprende y halaga el paladar de los visitantes, con especialidades patagónicas, platos de cocina gourmet y sabrosísimas pastas caseras.
Actualmente la familia –un poquito mas numerosa– sigue reunida, elaborando propuestas tentadoras y buscando novedades que se destaquen, como supo hacer Rudy en aquellos años, para lograr la alegría y satisfacción de todos aquellos que compartimos su mesa.